Iluminación teatral

Iluminación teatral
En el teatro, como en otras disciplinas artísticas, la luz tiene un papel importante en su realización. Es una herramienta utilizada para hacer visible el espacio, pero también adopta funciones simbólicas y significativas. Una vez que la luz cumple la tarea de permitir al espectador observar los acontecimientos en el escenario, crea la atmósfera en la que se desarrolla el drama.

Iluminación teatral

La iluminación, del latín illuminatio, es la acción y el efecto de la iluminación. Este verbo se refiere a iluminar o dar luz y siempre requiere un objeto directo, algo o alguien para dar su claridad. Se conoce como iluminación, por lo tanto, al conjunto de luces que se instalan en un determinado lugar con la intención de afectarlo a nivel visual.

A veces, lo que llamamos sombra, es la luz que no vemos

Como todo en la vida, las cosas comienzan al nacer. Y primero, estaba la luz. Normalmente no apreciamos su valor porque es un elemento cotidiano, pero en el teatro es una de las herramientas esenciales para dar color, forma y significado a lo que se representa.

En la técnica, la iluminación teatral es el conjunto de dispositivos que se instalan para producir ciertos efectos de iluminación, tanto prácticos como decorativos. Una definición correcta pero escasa, porque no se menciona como canal de comunicación. En la práctica, el arte teatral magnifica la luz como un código no verbal, y la muestra como un lenguaje a partir del cual se marcan escenas, presencias, ritmos y sensaciones.

El teatro es algo mágico, de lo contrario no sería teatro, y parte de esa "culpa" está en la luz. Con ella, las ideas comienzan a ser posibles y las historias que se cuentan en el escenario pueden tomar forma. El objetivo de la iluminación del escenario es iluminar al intérprete, revelar correctamente la forma de todo lo que está en el escenario, ofrecer la imagen del escenario con una composición de luz que pueda cambiar tanto la percepción del espacio como del tiempo. Gracias a la luz, se pueden inventar espacios y desarrollar historias proporcionando información en una atmósfera creada para cada situación.
La iluminación del escenario ha evolucionado a lo largo de los años. En la Edad Media, aunque la luz se consideraba un elemento divino, los primeros registros de luz dirigida se pusieron en práctica con la intención de guiar la mirada del espectador hacia un elemento específico. Ya en el Renacimiento, las figuras y objetos comenzaron a ser tridimensionales. Los conceptos de iluminación divina del período anterior desaparecieron y la tercera dimensión entró en juego, y con ella la pérdida del concepto bidimensional. Poco a poco, y con la entrada del siglo XIX, la luz se transformó en un elemento integrado en la vida cotidiana. Los sistemas de lámparas que antes funcionaban con combustibles fueron desapareciendo y la luz en la escena dio su paso definitivo. En 1638, se empezó a prestar especial atención a la forma de iluminar la escena de forma volumétrica y dramática, equilibrando las direcciones de la luz para crear luces, sombras y volúmenes. Y lo que es mejor, comenzó a utilizarse como una forma de expresión de manera deliberada e intencional. La dureza de las guerras de principios del siglo XX, caracterizó al Teatro Moderno por su absoluta libertad de enfoque a través del diálogo con las formas tradicionales y las nuevas posibilidades técnicas. El desarrollo de la maquinaria, los nuevos diseños arquitectónicos y escenográficos y el dulce momento que alcanzó la iluminación, liberaron al teatro de un cierto corsé y le proporcionaron una mayor plasticidad.

Iluminar no es algo tan simple como arrojar luz sobre el escenario, pero supone una buena disposición de la iluminación de los ángulos correctos, iluminación trasera, frontal, lateral y equilibrio de colores. Excepto en el caso de los efectos especiales, el diseño de la iluminación busca la discreción; no debe haber una luz más grande, que la de un actor en el escenario. Con el uso inteligente del color, la intensidad y la distribución de la luz se pueden lograr ciertos efectos subliminales / emocionales en las percepciones del espectador. La luz se pone al servicio de la emoción, y como "dictador" del ojo, lo lleva a donde cree que debe ir.

Reflector lineal de Fresnel

El ancho del reflector lineal de cenizas puede ser fácilmente tres veces el ancho de los cilindros parabólicos, de manera que se puede recoger la misma cantidad de energía con una fracción de la longitud del tubo de absorción. La Generación Directa de Vapor (DSG) generalmente permite generar vapor poco saturado.

Nuestros experimentados ingenieros de mantenimiento le ayudarán a mantener su equipo rotativo al más alto nivel de rendimiento y fiabilidad.

Las fresas se fabrican con diferentes enfoques tecnológicos:

  • Los primeros, y todavía en uso hoy en día, utilizan lámparas incandescentes. Según la potencia de la lámpara a utilizar, su tamaño varía (principalmente por el espacio requerido en la habitación para la lámpara), y hay desde 150 vatios de potencia, hasta 25 kilo watts (utilizados principalmente en locaciones de películas).
  • La tecnología HMI (Hydrargyrum medium-arc iodide), más conocida como lámparas de descarga, también ha adoptado este tipo de reflectores y gracias a la potencia alcanzada por medio de los arcos voltaicos, representa una excelente opción (aunque costosa) para el trabajo en exteriores.

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